Carlos Alberto Cardona

Carlos Alberto Cardona, consultor en reorganización empresarial e insolvencia en Bogotá
Carlos Alberto Cardona, consultor en reorganización empresarial e insolvencia en Bogotá

Carlos Alberto Cardona — Consultor en Insolvencia y Reorganización Empresarial

Desarrollé una metodología práctica para empresas en crisis financiera, combinando el rigor técnico de la Ley 1116 de 2006 con una visión estratégica para la continuidad del negocio.

No vendo tranquilidad. La construyo.

Confidencialidad absoluta. Nadie se entera de que estamos hablando, y eso importa cuando un rumor de crisis basta para que un banco recorte un cupo.

Diagnóstico honesto. Le digo si su empresa tiene salvación antes de cobrarle, incluso cuando la respuesta no es la que esperaba oír. Preferir la respuesta cómoda es lo que cuesta los meses que más valían.

Acompañamiento total. Estoy en cada audiencia, cada negociación y cada decisión. No entrego un informe y desaparezco.

2015. El año en que me tocó a mí.

Era gerente general de una comercializadora en Bogotá y los números ya decían una sola cosa. Me negué a aceptarla.

Y no se imagina lo que le pasa a uno por la cabeza a esa hora. Mi esposa. El colegio de mis hijos. La universidad que venía después. Y la idea de que esto tenía que resolverlo yo solo, sin contarle a nadie.

Esa última fue la más peligrosa de todas.

La quiebra sí me habría arruinado. Pero no por las deudas. Me habría arruinado si la hubiera cargado solo. Si me hubiera guardado las penas en un trago. Si hubiera seguido esperando a que la cosa se acomodara sola.

No fue la plata lo que casi acaba con esa empresa. Fue el silencio.

Pero no la salvé solo, y esa es la parte que importa. Desde entonces me prometí que ningún otro empresario tendría que recorrer ese camino a ciegas.

Cómo trabajo, para que sepa a qué atenerse

Cuando una empresa entra en crisis, el lenguaje que la rodea es de final: quiebra, cierre, liquidación, fracaso. Es un vocabulario que empuja a esconderse, y esconderse es exactamente lo que agrava el problema.

Pero lo que yo viví no fue un final. Fue un desvío largo, incómodo y caro, del que se vuelve. No al mismo punto de antes: eso no existe. Se vuelve a tener control de la agenda, a dormir de corrido, a decidir con la cabeza fría en vez de con el teléfono sonando.

Ese trayecto es el que le da nombre a esto. No prometo que su empresa quede como estaba, porque no sería cierto y usted lo notaría. Prometo acompañarlo mientras encuentra el camino de vuelta a un lugar donde las decisiones vuelvan a ser suyas.

Por qué un consultor y no un abogado

Empecé por el lado equivocado del escritorio. En 2014 mi empresa entró en crisis y en 2015 salimos adelante con la Ley 1116. Aprendí este proceso viviéndolo, no estudiándolo.

Eso define lo que hago y lo que no. No soy abogado. Trabajo con un abogado experto en insolvencia en Bogotá, con quien me alié precisamente porque un proceso concursal necesita las dos cosas a la vez: rigor jurídico impecable y alguien que entienda cómo se siente estar del lado del deudor.

La asesoría en ley de insolvencia suele fallar en esa segunda mitad. Muchos empresarios llegan diciendo lo mismo: que temen ser un número más en un despacho. Es un miedo razonable, y es la razón por la que muchos esperan demasiado antes de pedir ayuda.

Diez empresas, y contando

Van diez empresas acompañadas hasta hoy. No es una cifra grande y no pretendo que lo parezca: es la cifra que permite conocer cada caso por dentro en lugar de administrarlo desde una carpeta.

Con varias de ellas la relación siguió después del acuerdo, cuando ya no necesitaban ampararse en la ley de insolvencia económica para nada. Esa es, para mí, la mejor medida de si el acompañamiento sirvió.

Lo que recibe cuando trabajamos juntos es esa red: el criterio técnico de abogados de insolvencia económica en Bogotá que conocen el terreno, y un interlocutor que ya estuvo donde usted está hoy. Las dos cosas, no una.

Cada crisis empresarial tiene su propia historia

Cada empresa que llega en crisis tiene una historia diferente: deudas con la DIAN, embargos bancarios, pagarés firmados con avales, cobros coactivos o iliquidez con proveedores. Diseñamos la ruta más eficiente para activar la protección legal.

No soy psicólogo. Pero sé lo que pesa cargar esto solo.

El problema financiero es solo una parte del desafío. La otra mitad es el impacto personal. La otra mitad es despertarse a las cuatro de la mañana haciendo cuentas, sostener la cara frente al equipo durante el día, y decidir qué le cuenta a su familia y qué se guarda. Yo pasé por eso en el 2015 como gerente general de una comercializadora en Bogotá. Logramos reestructurar la empresa y salir adelante gracias a la Ley 1116.

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